Poco a poco, pasaron los días, pasó el verano y, sin darnos cuenta, llegó septiembre; y con él, el nuevo curso. Como es habitual en montañeros, tanto jefes como jefas de pequeños y mayores nos reunimos para dar comienzo y preparar con muchas ganas el nuevo curso en la Acampada de jefes; y este año tuvimos la suerte de contar, también, con la compañía de las misioneras.

Desde el colegio, después de haber repartido a los jefes entre los coches disponibles, salimos el viernes 16 en dirección Cáceres, al Guijo de Santa Bárbara. Llegamos a Aldealix, un sitio con mucho encanto en el cual teníamos pensado pasar el fin de semana. Distribuimos las cabañas y jugamos a pistoleros para conocernos más entre todos antes del cine fórum, donde vimos la película “Forja de Hombres” que contaba la increíble historia del Padre Flanagan y su Ciudad de los muchachos, gracias a la cual pudimos aprender un montón de virtudes que pusimos en común. Tras haber disfrutado tanto, los montañeros y las misioneras nos fuimos a descansar y a recobrar fuerzas para entregarnos al máximo en el estupendo día que nos esperaba.

El sábado madrugamos, y no tardamos en estar todos juntos para el ofrecimiento y empezar así el día a los pies de nuestra Virgen Mater Salvatoris. En seguida desayunamos y nos preparamos: los montañeros para la marcha y las misioneras para la misión. Los montañeros, como es habitual, comenzamos con nuestro rato de oración para hablar con el Señor y ofrecerle la marcha. Nos dirigimos a la sierra de Gredos para coronar el Cerro del Estecillo, cantamos nuestro himno, comimos y pudimos contemplar las vistas que el Señor nos regalaba en el silencio de cumbres. Mientras tanto las misioneras se dirigieron a una residencia donde se entregaron al máximo, cantaron canciones y compartieron su tiempo. Más tarde, fueron a visitar el monasterio de Yuste y, a continuación, volvieron al campamento para tener formación y reunión por grupos.
Nos juntamos de nuevo una vez acabada la marcha montañera y, después de las duchas y de la cena, nos dirigimos en coche a la Iglesia de San Agustín en Barandilla para estar con el Señor durante la noche de evangelización donde todos encomendamos a Él el nuevo curso, para poder dar fruto. A continuación, hicimos pequeños grupos y nos dirigimos a las distintas partes del pueblo a evangelizar e invitar a la gente a acercarse a visitar a Jesús en el sagrario. Fue una experiencia increíble para todos nosotros, en la que la Virgen nos enseñó a ser verdaderos apóstoles.
El domingo también fue un día estupendo donde no hubo tiempo para el aburrimiento. Tanto misioneras como montañeros, completamos nuestra formación seguida de un rato de reflexión y discusión en grupos sobre los puntos que más nos habían llamado la atención, de donde obtuvimos grandes ideas y propósitos. Al mediodía tuvimos una emotiva Misa y una gran comida a la que nos invitó una familia de la Congregación con la que compartimos la tarde. Se entregaron dos pañoletas azules a los nuevos subjefes del grupo, que a los pies de la Virgen leyeron su fórmula y cantaron el himno.
Así, tras despedirnos, volvimos el domingo por la tarde-noche a Madrid, con las fuerzas renovadas y preparados para entregarnos cada uno en nuestro apostolado viviendo el siempre más y el todo amar y servir.
