Campamento Valle de Louron 2016

Como cierre de este gran año caminando de la mano de la Virgen las montañeras mayores del Mater Salvatoris pudimos disfrutar de un gran campamento en nada menos que en Francia, en el Valle De Louron. Además la ambientación de este año ha estado muy presente en cada momento: cada día conquistábamos un continente distinto, salvando todas las almas posibles por María recorriendo así el mundo entero.

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Llegamos todas con mucha ilusión y ganas de conocer lo que el Señor nos tenía preparado esta vez. Tras celebrar una especial misa con las familias, partimos en buses hacia nuestro destino. El campamento contaba con dos grandes edificios, separándonos de esta manera las más pequeñas en San Ignacio y las mayores en San Francisco Javier.

A lo largo del campamento tuvimos cinco días de excursiones impresionantes y a la vez cinco de campamento alternados. De esta manera podíamos recuperar fuerzas cuando nos quedábamos en el refugio para la marcha que nos esperaba la mañana siguiente.

Todas las excursiones comenzaban de la misma manera, con un gran desayuno para coger fuerzas, cogíamos la comida e iniciábamos la marcha con treinta minutos de silencio, con puntos de oración individuales por cada patrulla. Pero una vez finalizados esos minutos no había quien nos callase, nos animábamos mutuamente con canciones de todo tipo aunque no muy bien afinadas. Aquellos cinco días no hubo ni una canción que nos faltara por cantar; de esta manera, las excursiones se hacían más amenas y ni notabas el cansancio. Además al llegar a la cima cantábamos nuestro himno con gran ímpetu, ¡nos oían hasta en el cielo! Luego teníamos silencio de cumbres. A diferencia de otros años era en silencio total, para poder contemplar la grandeza de Dios en las vistas espectaculares de cada cima. La mayoría de días estábamos rodeadas de 360º de montañas. Eso sí, cada excursión fue especial y diferente al resto, sin faltarnos nunca el buen tiempo, gracias a la Madre Félix:

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La primera excursión fue la famosa explo, en la cual íbamos separadas por patrullas. Todas las patrullas debíamos pasar por un pueblo, preguntando a los habitantes curiosidades sobre el mismo como el nombre de la alcaldesa, el árbol más típico o la leyenda de la ermita a la que teníamos que llegar, guiándonos como pudiéramos y a ser posible las primeras de todas. Además a lo largo del camino debíamos recolectar tanto fauna como flora y si la patrulla era espabilada hasta se realizaban croquis del camino, canciones de babosas y espectáculos divertidos; todo lo que hiciese posible sacar más puntos de nuestro “exigente jurado”.

El día 29 tuvimos la siguiente marcha, esta vez todas juntas. Aquel día llegamos a un gran lago tras mucho esfuerzo. Fue la excursión más larga de todas y costó mucho pero la recompensa valió la pena. Además las más valientes pudieron disfrutar de un baño en el lago.

En la siguiente excursión, contamos con la oportunidad de poder ir en autobús hasta la reserva de Neouvielle, lo que nos permitió conocer la reserva natural con sus grandes cimas y sus lagos. Sin embargo, no pudimos llegar hasta el pico pues todavía quedaba nieve, pero eso no frenó a las grandes montañeras que somos y decidimos movernos a otro lugar más cercano a los lagos, en el que estuvimos totalmente rodeadas de montañas: fue alucinante.

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El día 3 comenzamos la excursión de una manera peculiar, atravesando el río que se encontraba en la parte de atrás del campamento. No nos supuso ningún problema, hasta fue divertido ver alguna que otra caída. Y esta vez, tuvimos la gran oportunidad de celebrar la misa en la cumbre, rodeadas de montañas 360º.

En la última excursión, contamos otra vez con autobuses que nos acercaron esta vez a Pont de Prat donde comenzamos a andar como siempre con treinta minutos de silencio. Sin darnos cuenta ya estábamos en un precioso valle donde pudimos ver un montón de animales y gozar de unas vistas espectaculares.

A lo largo de los días de excursión debíamos planificar por patrullas la velada de cada noche, siempre ambientadas en el continente en el que estuviésemos aquel día. Nos reímos un montón con todas ellas pero la mejor, sin duda, fue la velada final. Todas las patrullas la tenían muy bien organizada ya que tuvimos dos días enteros para organizarlas.

Por otro lado, también pudimos disfrutar de los cinco días de campamento, en los cuales no parábamos. Estas mañanas eran más animadas, con un poco de marcha nos poníamos a hacer gimnasia para despertarnos, dos vueltas corriendo y… ¡a bailar! Tras la cual como no podía faltar izábamos, desayunábamos y oración. La oración estaba escrita en el cuaderno que nos entregaron el primer día del campamento. Una vez que teníamos el cuaderno y un boli nos dividíamos por patrullas, cada una buscando el sitio más adecuado. Tras estos treinta minutos nos poníamos a ordenar, debían de estar todas las habitaciones impolutas, necesitábamos la máxima puntuación en orden. Después la esperada liga deportiva, este año tuvimos el regalo de poder jugar al baloncesto además de los juegos habituales: futbol, balón prisionero, béisbol y vóley. Tras esta agotada y competitiva lucha nos dividíamos en patrullas para participar en la RxP de cada día. Este año trataban de las máximas montañeras, de las cuales pudimos aprender mucho sobre cómo debía ser una verdadera montañera. Antes de comer celebrábamos la Santa Misa, acompañada con unas canciones estupendas.

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Después de comer y recoger la comida teníamos un prolongado tiempo de descanso y el rosario. Cada día le tocaba organizarlo a una patrulla al igual que la liturgia y otras tareas; teníamos a la Virgen presente cada día en todo momento. También contamos con la posibilidad todos los días de realizar un taller. Hicimos de todo, pasando por llaveros, estuches y hasta un taller de comida. Estos días en vez de veladas, solíamos tener diferentes juegos, cada cual más divertido que el anterior. Además este año pudimos disfrutar de diferentes videos sobre alguna historia o personaje del continente que nos encontrábamos. Antes de irnos a la cama y reponer fuerzas para el día siguiente teníamos el examen de conciencia.

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Sin embargo, el último día de campamento fue todo a lo grande: estuvimos toda la mañana divididos en dos grandes equipos: el rojo, formado por los equipos impares de la liga deportiva y el azul formado por los pares. En el desayuno el comedor nos sorprendió más de lo normal: una línea dividía el comedor en dos, para el equipo rojo y el azul. Más tarde tuvimos el gran juego, equipo rojo contra equipo azul, con guerra de pinturas, de agua, juegos, acertijos… En el último taller cada patrulla debía realizar algo para hacer esa cena y la velada final más especial por ejemplo: pancartas, maracas o tentempiés. Y como no podía faltar, aquella tarde tuvimos la entrega de insignias y galones y el último arriado, que en realidad fue el primer izado del verdadero campamento.

Pero lo más especial del campamento fue poder visitar Lourdes y acercarnos así un poco más a la Virgen. Tuvimos el regalo de poder realizar turnos de vela el día anterior, lo que nos ayudó a recogernos interiormente. Una vez en Lourdes celebramos la Santa Misa en la gruta, realizamos una visita guiada y tuvimos tiempo libre para comprar recuerdos y algún que otro helado. Tras la comida y una larga siesta tuvimos la oportunidad de bañarnos en las piscinas de Lourdes, de las cuales salimos todas con mucha paz y preparadas para lo que nos esperaba después, ¡la entrega de pañoletas! Este año las niñas de primero de bachillerato recibieron la pañoleta azul y otras muchas la roja. Después todas juntas, con las nuevas pañoletas al cuello participamos en el rosario de antorchas tradicional en Lourdes, y de esta manera pudimos dar las gracias a la Virgen por aquellos regalos que nos había dado a lo largo del campamento.

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