Crónica Campamento Rioseta

Un año más, las  Montañeras Mayores, hemos tenido la oportunidad de poner en práctica en el campamento todo lo que habíamos aprendido en las excursiones. El campamento se ha desarrollado en Rioseta, un antiguo cuartel militar, cuya austeridad ha sido una gran ayuda para ser auténticos soldados de María.

Para luchar por Ella, hemos contado con la ayuda de siete armas, que nos han hecho dignas de custodiar el manto de la Virgen, bajo el que nos ponemos para implorar su protección.Estas armas son: el rosario, la sonrisa agradecida, la cruz, la pañoleta, las botas de montaña, el cuaderno de oración y la medalla de la Virgen.

Con el rosario no nos soltamos nunca de la mano de la Virgen, una sonrisa agradecida vence siempre al cansancio y al dolor, con la cruz acompañamos a Cristo en su sacrificio por la redención del mundo, la pañoleta representa los brazos de la Virgen que nunca nos abandonan, las botas nos ayudan a llegar a las cimas más altas por la salvación de las almas, con el cuaderno de oración buscamos la voluntad del Señor, y por último, la medalla de la Virgen , que es para nosotras un espejo, escudo y testigo.

“Dadme un ejército que rece el Rosario y lograré con él conquistar el mundo” San Pío X

manto¡Por fin llegó el día de empezar esta gran misión! Y qué mejor manera de hacerlo que ir a Misa con todas las familias que nos acompañaban, para después partir en autobús hacia nuestro destino.

El refugio contaba con un edificio dividido en dos sectores distintos en los que se encontraban los dormitorios y los baños. Estábamos rodeados por unas vistas espectaculares que nos recordaban el inmenso regalo que nos da Dios en la creación.

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Durante nuestra estancia en Rioseta hicimos cinco excursiones que comenzaron de la misma manera: con un desayuno que nos proporcionaba las fuerzas necesarias para darlo todo. Después cogíamos nuestros picnics y emprendíamos la marcha con un rato de silencio, donde nuestra jefa nos ayudaba con puntos de oración.

A lo largo del camino poníamos a prueba nuestros dones artísticos para elaborar una velada que consiguiese entretener y la vez transmitir los valores de un auténtico montañero. En la cima de estas montañas siempre coronábamos con el himno de montañeras, seguido de un silencio de cumbres en el que aprovechábamos para agradecerle a Dios todo lo creado.

La primera de todas fue la explo, donde cada patrulla debía encontrar el camino al fuerte. La lluvia no nos impidió seguir nuestro camino y nos ayudó a reforzar la unión de las patrullas. Durante esta excursión debíamos averiguar la respuesta a algunas preguntas que se nos habían planteado.

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La segunda, a pesar de las dificultades terminó siendo una gran excursión en la que no faltó una guerra de nieve.

En la tercera, tuvimos la suerte de irnos de excursión durante dos días en los pirineos franceses. El primero de estos dos días lo empleamos en llegar al refugio donde dormiríamos esa noche. Antes de irnos a la cama disfrutamos de un Talent Show de alto nivel, donde participaron grandes artistas descubiertas aquella noche que nos ofrecieron imitaciones de animales, canciones, bailes, trucos de magia y muchas otras cosas que nos hicieron pasar una magnifica velada. Al día siguiente retomamos nuestro camino de vuelta al pueblo donde nos habían dejado los autobuses el día anterior. Y por fin volvimos a Rioseta, donde la Virgen nos esperaba con los brazos abiertos.

La cuarta, empezó con un poco de lluvia pero acabamos teniendo un espléndido sol.

Gracias a que la última excursión fue la más breve de todas, tuvimos el tiempo necesario para preparar la velada final, en la que todas las patrullas lo dieron todo para poder hacerle un buen regalo a la Virgen agradeciéndole todo lo que nos había dado en esos días.

Por otro lado, también tuvimos cinco días en los que nos quedamos en el campamento y hacíamos numerosas actividades. El día comenzaba con un rato de gimnasia para despertarnos, seguido del izado, el desayuno, la oración y el rato de orden. Después de esto llegaba la tan esperada liga deportiva, en la que competíamos contra otros equipo jugando a baseball, volley, fútbol, baseball pie y balón prisionero. Además, después celebrábamos la Santa Misa, seguida de la comida. Por la tarde teníamos un rato libre, el taller en el que hacíamos diversas manualidades o, por ejemplo, un concurso de concina. Luego teniamos un rato de vela en la capilla, tiempo de duchas y arriado, donde poníamos todo lo que habíamos hecho a lo largo del día a los pies de la Virgen. Si habíamos cumplido nuestro propósito, nos poníamos bajo su manto y todas las niñas rezaban un Ave María por nosotras. Por la noche ejercitábamos nuestras cualidades de soldado a través de distintos juegos.

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Lo más especial del campamento fue nuestra visita a Lourdes, donde la Virgen nos estaba esperando. La noche del día anterior tuvimos Exposición del Santísimo, la cual nos preparó interiormente para la visita que íbamos a hacer a nuestra Madre. Allí, celebramos la Misa en la cripta, comimos, y tras un breve tiempo de descanso, fuimos a las piscinas para bañarnos, de donde todas salimos con una gran paz y sonrisa. Cuando ya nos habíamos bañado todas, fuimos a la Cripta donde el P. Luis dio unos puntos de oración para estar preparnos para la entrega de pañoletas, la cual tuvo lugar justo después. Se entregaron diecisiete pañoletas azules y muchas pañoletas rojas. Después de ese momento tan emotivo, cenamos para luego ir a rezar el rosario en la procesión de antorchas de Lourdes.

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El día de la vuelta a Madrid estuvo marcado por la visita a la ciudad de Barbastro, donde fue martirizado un grupo de seminaristas y sacerdotes en la Guerra Civil. Ellos son un gran ejemplo para nosotros, gracias a que uno de los días de campamento conocimos su vida al ver la película “Un Dios prohibido”, y en cuyo himno nos basamos para alcanzar nuestro ideal:

“¿Y qué ideal?, por tí María, mi vida dar”lourdes

Casilda Palao, pañoleta roja.