Crónica acampada abril

Llegamos puntuales el viernes por la tarde al cole para coger los buses. Se veía el bullicio de maletas, niño por aquí, padre por allá, que si autorización voladora, saco rodando sin dueño, abrigo perdido…  Nos vamos de acampada. En el bus comienza ya el lío, y después de la cómoda autopista nos adentramos en la carretera de los pantanos, preciosas vistas por la abundante agua que nuestro Señor nos ha regalado. Atravesamos Piedralaves con el pasmo de todos sus vecinos, pese a que pueden ser el pueblo con más campamentos por metro cuadrado de la Península. La carretera se acaba, y toca esperar con los buses en fila india porque el sinuoso sendero que llega a nuestro temporal hogar no es apto para nuestras ruedecinas de metro y medio de diámetro.

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Nos acomodamos los pequeños en unas casetillas con cuartos que ni resort de safari en Namibia, con baños individuales y a “tó meter”. Arriado, cenamos nuestras viandas y juego nocturno! Y a dormir, que mañana otro día. Amanecemos tempranillo (los jefes algo más, que tenemos oración para encauzar el día), gimnasia, Izado, Ofrecimiento, desayuno y, como va a ser una excursión muy decente, ordenamos los cuartos para tener revista como en los campamentos: sacos alineados en perfecto ángulo de 90º con el marco de la litera, maletas cerradas y en sus estantes correspondientes, abrigos colgados en el perchero y absolutamente nada en el suelo, reluciente para hacerle la prueba del algodón. Comenzamos sobre las 10 la marcha, a buen ritmo, con las amenazas de lluvia quedándose afortunadamente en las nubes, que nos taparon agradablemente un sol de justicia con el que poco hubiéramos andado.

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Pasamos por el Riscazo, preciosa pradera (donde ya estuvimos hace 3 años) que luego nos serviría de comedor y también de altar. Subimos a la Bola, con unos 4-5 cm de nieve, pasándolo bomba entre guerras de bolas y deslizamiento avec capas de agua, todo en mangas de camisa. Comemos el agradable y pequeño bocata de barra y media de pan para cada uno (algún niño lo engullía cual serpiente, siendo más grande la barra que su portador). Tras una hora de calma y distensión, se aproximan los tambores de guerra. Las niñas, siempre tan vivas, cantando a pleno pulmón. Celebramos la Misa con unas vistas imponentes al Valle del Tiétar, y algún parapente volando sobre nuestras cabezas. Al empezar el descenso, las nubes dejan ver el sol, abrasador, pero el bosque nos tapa, y en menos de una hora llegamos al campamento.

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Duchas, nos acicalamos, y Hora Santa en las banderas, velando las nuevas pañoletas que se darán el domingo. Fue muy bonita, al renovar nuestro compromiso cada pañoleta: verdes, rojas, azules y amarillas. Acto seguido tenemos el arriado y la cena. Mientras las chicas tenían velada nosotros nos vamos a ver una peli, mientras un humilde escribano se puso a trabajar, que la uni no perdona. A la mañana siguiente, gimnasia, Izado, Ofrecimiento, desayuno y toca liga deportiva, jugando al fútbol toda la mañana con una fase de clasificación que ni la Champions. Nos duchamos, que ahora toca Misa. Después de esta, a comer una rica paella casi tan grande como mi salón, y después algo de siesta y RxP (reunión por patrullas), viendo un tema buenísimo: el perdón. Después del arriado final, en que imponemos pañoletas (azul a nuestro querido Nano) y repartimos insignias a los que han destacado más, vuelta a los buses! Se nos pasó volando el finde, y la verdad que fue inmejorable. Dimos gracias a la Virgen por el tiempo (tiempazo, dados los augurios, nos llovió algo a la vuelta en el bus), por el sitio, y, sobre todo, por la compañía. Los niños se portaron como dignos Montañeros, esperemos que lo demuestren también en casa y en el colegio.

SIEMPRE MÁS

A.M.D.G.

Un Montañero4