MARTES DE PASCUA

En aquel tiempo, estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré». Jesús le dice: «¡María!». Ella se vuelve y le dice. «¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!». Jesús le dice: «No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, ande, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”». María la Magdalena fue y anunció a los
discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto».

COMPOSICIÓN DE LUGAR

Huerto junto al sepulcro, la Magdalena llorando, primero los ángelles y después el Resucitado hablando con ella.

PETICIÓN

Vivir en el gozo y la alegría del Resucitado. Pedir estas gracias.

(1) María junto al sepulcro llorando. Llora largo rato expresión de su dolor y angustia. Llora porque no han salido las cosas como ella quería, llora por Jesús, pero de un “modo interesado”. Quiere con locura a Jesús. La lleva el ansia de búsqueda de Jesús ¿dónde está su Señor? Su único dolor es Jesús, mal entendido pero así. Y llora porque le ha perdido. ¿Por qué lloramos nosotros? Lloramos porque hemos perdido al Señor, porque nuestra vida no es como debiera ser, lloramos por nuestras infidelidades o por el contrario lloramos porque han herido nuestro amor propio; porque nos han dejado en mal lugar, no nos hacen caso, nos desprecian, no salen las cosas como queremos, nos contradicen, o… ¿Son nuestras lágrimas de amor como la Magdalena? ¿Buscamos en todo momento al Señor como la Magdalena? ¿Es a Jesús lo único que buscamos en nuestra vida? Escena de los ángeles. No se da cuenta de nada. Está a lo suyo.

(2) Escena con Jesús. Fijaos cómo el Señor se hace el encontradizo y no viene disfrazado y ella es incapaz de reconocerle. En todas las circunstancias de nuestra vida se encuentra el Señor (Recordar ejemplo de las tentaciones de Santa Gertrudis). El Señor se “disfraza” de enfermo, de pobre, de rico, de hermano que nos ofende, de… poned lo que queráis ¿Le reconocemos? ¿Por qué no le reconoce la Magdalena? Jesús es la verdad y la Magdalena es
incapaz de reconocerle porque está en su Jesús y no en el Jesús de verdad, tal y cómo es, no como ella quiere que sea. Peligro del corazón. ¿Habría que preguntarse por qué nos movemos, por el corazón o por la razón, por el gusto, por la simpatía, por el afecto o por la razón? ¡Qué malas pasadas nos juega el corazón! nos hace soñar y evadirnos de la realidad y muchas veces no asumimos nuestras obligaciones haciéndonos ver las cosas, no como son, sino según nuestros antojos. La Magdalena, por lo menos, lo tenía en el Señor y eso la salvó… El corazón debe obedecer a la razón iluminada por la fe. Las palabras sin sentido de la Magdalena. Fruto del amor. El amor lleva a decir y hacer locuras.

(3) El Señor que es muy bueno, no juega con ella, viene a consolarla. Dice su nombre con un cariño inmenso ‘María’. Lo dice como nadie lo sabe decir,
y en esa palabra está todo el amor del mundo que despierta a la Magdalena de su sueño. Nadie la había hablado con el cariño con que lo había hecho el
Señor. Y es que Jesús conoce a los que le pertenecen y los llama por su nombre; ellos reconocen su voz y le siguen (Jn 10,3). Respuesta de María, ‘Rabonni’ y se echa a los pies de Jesús. Es su sitio, el sitio favorito de la Magdalena. ¿Cuál es mi sitio? Fijarse que el Señor nos pone en nuestro sitio, con mucho cariño y de una forma casi natural. Ella le abraza y besa los pies, el Señor le dice que le deje y que vaya a sus hermanos…


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