Jn 3,7b-15

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

COMPOSICIÓN DE LUGAR

Ver a Juan, el evangelista, reflexionando sobre todas las enseñanzas del capítulo III.

PETICIÓN

Estamos pidiendo la paz y la alegría del resucitado. Son frutos del Espíritu Santo, en definitiva pedimos el don del Espíritu Santo que es el gran don del Resucitado.

* La primera reflexión que nos invita a hacer el texto es que hay una clara referencia a la incapacidad radical de lo natural para elevarse a lo sobrenatural por sus propias fuerzas. Para nuestra vida cotidiana, nuestros trabajos y apostolados. No podemos nada en el terreno sobrenatural. Sólo el que viene de lo alto, de arriba, es decir, Jesús, puede prestarnos ayuda. ¡Hazme entender Señor que te necesito, que sin Ti no puedo nada, pero contigo todo!

** El que viene del cielo, de Dios, da testimonio, es decir, nos cuenta cómo es Dios. Dar testimonio es ver y oír y de lo que he visto y oído, de eso hablo. Esto es muy importante, ya que, en definitiva, es Jesús quien nos ha revelado que Dios es Padre y que Él, Jesús, es el Hijo del Padre; por tanto, verdadero Dios como el Padre. Y que Jesús, con su resurrección nos da el Espíritu Santo. El testimonio pide una respuesta personal ¿Aceptas este testimonio de Cristo o, acaso, soy como los que no aceptaron al Señor? San Juan, normalmente, se mueve en la dualidad, aceptar o rechazar. El que acepta este testimonio y cree en Jesús, está, en realidad, afirmando que Jesús es Dios y que viene del Padre. O dicho de otra manera, está aceptando y manifestando la Verdad, que es Cristo. Y esto lo puede hacer gracias al Espíritu Santo que recibe de Cristo. Este no lo da con medida, lo da totalmente de un modo definitivo a aquellos que se abran plenamente a su acción. Estamos ante el Bautismo de Cristo que nos da el Espíritu Santo.

*** Es impresionante esta afirmación: “El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano”, que nos descubre la intimidad de Dios Padre y que nos llevan a reconocer que el Hijo hace lo que hace el Padre, y que, en consecuencia, actúa con su mismo poder y que tiene su misma naturaleza. Y de nuevo la dualidad de creer o no creer en el Hijo. Creer supone aceptar su palabra y dejarse bautizar (configurarse con Cristo) y así tener vida eterna. La fe afecta al tono de la vida. Los que no creyeron en Jesús, vivieron una vida centrada en otros caminos distintos de la vida en el Señor.

**** Es fácil que nos desalentemos ante estos puntos. Se trata de profundizar en el misterio de Cristo. No es fácil y no busquemos una comprensión plena y racional. Dejémonos llevar por el Espíritu que iluminará nuestro corazón, por eso, no tengamos miedo de abrirle nuestro corazón. Y si, a pesar de todo, no entendemos nada, digámosle al Señor que no comprendo nada, pero, por encima de todo, creo en Ti.


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