En aquel tiempo, dijo Jesús: «Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y en solo Pastor. Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».
COMPOSICIÓN DE LUGAR
Jesús el Buen Pastor. La famosa imagen del museo Vaticano, un joven pastor con una oveja sobre los hombros (s. IV). Otra podía ser Jesús increpando a los fariseos. Si os ayuda, meted a María, que ella nos explique cómo es el Buen Pastor.
PETICIÓN
“El Señor es mi pastor, nada me falta” (salmo 23).
* Nos encontramos, de nuevo, ante dos interpretaciones muy parecidas, pero con diversos matices del “Yo soy el Buen Pastor”. En primer lugar, Jesús el pastor modelo, el buen pastor, porque está dispuesto a dar la vida para proteger a las ovejas. Hace referencia a la Cruz, una entrega de sí por amor a los suyos. ¡Alguien, Jesús, el Buen Pastor, que está dispuesto a protegerme y a entregar la vida por mí! Un darse que protege a los suyos, en contraposición del asalariado, que huye ante el lobo. Éste roba y dispersa el rebaño. Este es el Buen Pastor, que ha dado la vida por mí, para librarme del “lobo”, del pecado, del diablo. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Este es el Verdadero Pastor, que guía, alimenta y protege a las ovejas. ¡Señor, que no nos equivoquemos y vayamos tras pastores asalariados o mercenarios! ¡Ojalá surja en nosotros un sentimiento de gratitud y amor a semejante Pastor!
** En segundo lugar, Jesús es el Buen Pastor porque conoce íntimamente a sus ovejas. “Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen”, Conoce a las ovejas porque son suyas y estás le conocen porque le pertenecen. Es un conocer personal que indica una relación, en este caso de pertenencia, pero, no de propiedad, como si fuera una cosa. Hay una unión íntima entre conocer y pertenecer, que supone una aceptación libre. Jesús me conoce y me ama, soy suyo por el bautismo y esto me exige corresponder a su amor, conociéndole y amándole. ¿Conozco lo bueno que es Jesús, el Buen Pastor? Señor, quiero conocerte y quererte más y más cada día. “Igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas”. En el mundo veterotestamentario el concepto “conocer” supone un conocimiento que crea comunión, es decir, es hacerse una sola cosa con lo conocido. El mutuo conocerse del Padre y del Hijo está entretejido con el conocimiento mutuo del pastor y las ovejas. En el encuentro con Cristo se produce ese conocimiento del Padre, que se hace comunión y llega a ser vida. Jesús me ama y me conoce, habita en mí y yo en Él (por el bautismo y la eucaristía), hay una comunión con Él y en Él con la Trinidad. ¡Alucinante, que en Cristo esté unido al Padre por el Espíritu santo! Realmente debo profundizar en el hondo significado del Bautismo y lo que hace en mi ser. ¡Soy pertenencia de la Santísima Trinidad! Recordad lo que decía S. León Magno: “Considera, oh cristiano tu dignidad”.
*** “Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y en solo Pastor”. La misión a los gentiles, que también escucharán su voz. Un solo rebaño y un solo Pastor, Es decir, las otras ovejas se unirán al único rebaño a través de la muerte y resurrección de Jesús. Detente ante el amor de Cristo que quiere que todos los hombres conozcan al padre, le amen y se salven. La postura judía de la época era de rechazo a los paganos… Jesús, sin embargo, muestra que su salvación tiene un carácter universal. Es un tremendo acicate para nuestro apostolado, llevar a las personas a Jesús, por María, saliendo de nuestros pequeños mundos. “Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre”. Estas palabras misteriosas nos invitan a contemplar a Cristo unido al Padre, con el mismo poder que el Padre le ha dado. También nos hablan de la libertad de Cristo para entregarse por nosotros, dar la vida y el poder recibido del Padre por el Espíritu Santo para recuperar la vida, es decir, para resucitar.
Contemplemos este misterio de amor del Buen Pastor. Me conoce y me pide que le conozca y responda a su amor, amando.
