El Ave María III

El Ave María III

Meditaciones sobre Rosarium Virginis Mariae de San Juan Pablo II y Theotokos, el misterio de María de M. J. Nicolás

COMPOSICIÓN DE LUGAR

Según el texto que vayamos a meditar (Lc 1,26-38 y Lc 1,39-56). Ver, contemplar a María, en la Anunciación o en la visitación. Detenerse en la humildad de María, en su gratitud y adoración a Dios.

PETICIÓN

María enséñanos a comprender y rezar bien el Ave María, sobre todo al decir “Santa María Madre de Dios”. Atención, soy consciente de la dificultad de los puntos. Leerlo despacio, dejarse asombrar por el misterio y la gracia tan grande que Dios ha derramado sobre María. Puede ayudar rezar despacio el “Ave María”. “Porque no nació primeramente un hombre vulgar, de la santa Virgen, y luego descendió sobre Él el Verbo; sino que, unido desde el seno materno, se dice que se sometió a nacimiento carnal, como quien hace suyo el nacimiento de la propia carne… De esta manera [los Santos Padres] no tuvieron inconveniente en llamar Madre de Dios a la santa Virgen” (Concilio de Éfeso, 431 dc).

* La Madre de Dios. María es no sólo la verdadera madre de Jesús, sino la Virgen Madre. La concepción virginal implica esencialmente, además de la ausencia de toda unión sexual, una acción especial, directa y milagrosa del Espíritu Santo. En el seno maternal el Niño se fue formando lentamente, extrayendo toda su vida de la de su Madre, absorbiendo las fuerzas de su cuerpo virginal, atrayendo todo el amor y toda la atención de su corazón maternal. Recordemos cómo María acompasaba el ritmo del corazón al de su hijo. Cómo le absorbe de tal manera que solo vive para Él.

Muy importante, el parto virginal de Jesús. María no sufrió los dolores del parto y permaneció intacto el signo material de la virginidad (sin derramamiento de sangre). El sentido de este milagro es hacer más sensible el carácter de una virginidad consagrada a la Encarnación de Dios. “No es el parto lo que hizo a Dios, sino que fue Dios quien hizo suyo el parto”, pues hizo suya la naturaleza humana, que iba a nacer, y por consiguiente hizo suya a aquella madre, María. Esta da al Verbo, que existía desde siempre como Dios, su naturaleza humana. El Verbo se da a María como Hijo. Y es el Verbo el que eleva la maternidad de María hasta su person divina, haciendo a María Madre de Dios. Pero hay más, al dar María su consentimiento para el nacimiento de un nuevo ser en su carne, lo que está haciendo es acogiendo en sí la encarnación de Dios. Es decir, al ser su madre en espíritu y verdad, María se une a la profunda intención con que El Verbo se hace hombre, para la salvación del género humano. Por eso María está íntimamente y totalmente asociada a la persona y a la obra redentor de su Hijo.

**La Virgen Madre. Es de fe que Jesús nació de una virgen por obra del Espíritu Santo y también es de fe que aquella virgen permaneció siempre virgen. La Virginidad es, ante todo, un estado del alma esencialmente caracterizado por su liberación respecto a la esclavitud de la carne. Recordemos la asociación íntima y total de María a su Hijo. El significado de la virginidad de María es el de reservar todo su corazón, todo su amor y toda su persona para aquel que va a ser su Hijo. El amor que siente por José procede de aquel primer y esencial amor. La virginidad de María manifiesta su consagración al Verbo que en ella se encarna. Todo su ser, sus fuerzas de amar, su corazón… todo para Jesús. María se asemeja al Padre no tanto por su integridad física y la liberación de su espíritu de la carne, como por la consagración al Verbo que se encarna en ella. María es toda de su Hijo y está toda en su Hijo, por el amor del Espíritu Santo. Se asemeja a la generación eterna del Verbo por el Padre en el Espíritu Santo. Por eso el que nace de María según la carne, es el mismo que nace del Padre según la divinidad. La virginidad de María solo puede tener este significado si es perpetua, voluntaria y consagrada. Así es signo de una alianza personal con Dios. 

El voto de virginidad es señal de la exquisita sensibilidad de María a la acción íntima y particular de Dios en ella. Dios se la reserva. María es modelo de las vírgenes, ya que el sentido de la virginidad cristiana será siempre y para todos la consagración a Cristo.

***La gracia de la maternidad divina. Esta es la gracia por excelencia y propia de María: ser madre de Dios. De ella derivarán todas las gracias. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo, pero, ante todo ama a María, a quien inmediata y directamente se lo da y se lo da como Hijo. Es una gracia personal concedida a María y anunciada por el ángel. Ella es la primera en recibir, y de una manera única, lo que a todos nos va a ser dado: Jesús. 

“Dios, la suavísima y purísima luz, la amó tanto, que, por obra del Espíritu Santo, se unió substancialmente a ella, saliendo hombre perfecto de sus entrañas” (S. Juan Damasceno).


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