Jn 2,1-12

Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús.  Fueron invitados también a la boda Jesús y sus discípulos.  Al quedarse sin vino, por haberse acabado el de la boda, le dijo a Jesús su madre: «No tienen vino.» Jesús le respondió: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.»  Pero su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él os diga.» Había allí seis tinajas de piedra, destinadas a las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua.» Ellos las llenaron hasta arriba.  «Sacadlo ahora —les dijo— y llevadlo al maestresala.» Ellos lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llamó al novio  y le dijo: «Todos sirven primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos, el inferior. Tú, en cambio, has reservado el vino bueno hasta ahora.»  Éste fue el comienzo de los signos que realizó Jesús, en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y creyeron en él sus discípulos.  Después bajó a Cafarnaún con su madre, sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días.

Muy importante es tener en cuenta el extraordinario papel de María en la historia de la Salvación y en la de la Iglesia. No podemos quedarnos en meras consideraciones piadosas. María explica mi salvación, la tuya y me conecta, en la iglesia, con la historia del pueblo escogido, Israel.

Por un lado vemos que todo el Antiguo Testamento desemboca en María. En Ella se cumplen todas las promesas de Israel. Ella, la “Mujer”, es la “Hija de Sión”, en ella se cumple la profecía de Sofonías: “¡Grita alborozada, hija de Sión, lanza clamores, Israel, celébralo alegre de todo corazón, ciudad de Jerusalén!¡… Yahvé, Rey de Israel, está en medio de ti,… ¡No tengas miedo, Sión, no desfallezcan tus manos! Yahvé tu Dios está en medio de ti, ¡un poderoso salvador! (Sof 3,14-17), esto se cumple en la Anunciación. También en María, en la Anunciación, se cumple la profecía de una madre virgen de Isaías: “Mirad, la virgen está encinta y dará a luz un hijo, a quien pondrán por nombre Emmanuel” y “la Madre Sión” porque en María, se realiza lo que profetizó Isaías: “Alza en torno tus ojos y mira; todos se reúnen y viene a ti, llegan de lejos tus hijos…” (Is 60,3-4), que se cumplirá en la Cruz de Cristo.

Por otro, el Nuevo Testamento se abre con ella, es el tiempo mesiánico y el de la Iglesia. María es Figura de la Sinagoga (en el sentido que toda la esperanza de que ha vivido el antiguo Israel a lo largo de los siglos, se recoge y condensa en su persona), pero es al mismo tiempo Tipo de la Iglesia, el arquetipo y la imagen ejemplar de la Iglesia, porque así como la Iglesia da a luz en nosotros a Cristo, María dio a luz a la cabeza de la Iglesia. La Iglesia nace en María. María es la Iglesia en el momento mismo de su nacimiento.

COMPOSICIÓN DE LUGAR

Una boda judía humilde y sencilla. Jesús, con sus discípulos, y María están entre los invitados. Detenerse mucho en María, está pendiente de todo, sirve con una gran discreción.

PETICIÓN

¡Madre! Enséñanos a hacer lo que él nos diga.

* María está en un segundo plano pendiente de todo y se da cuenta que falta el vino. Es la esclava del Señor. Su oficio es servir con una gran discreción.
A María le preocupa el problema en que se encuentran los jóvenes esposos y sus familiares, van a quedar mal ante sus convecinos y le duele; llena de confianza expresa su preocupación a Jesús. María vive atenta a nuestras necesidades. Madre, enséñame a vivir pensando en las necesidades de los demás.

María habla a su Hijo de una falta material de vino, con la esperanza que pueda poner remedio a aquella embarazosa situación. Mientras que Jesús se sitúa de lleno en otro punto de vista, en un plano místico. Jesús responde a su madre con la palabra “mujer”. Es la “hora” de Jesús, que comienza aquí, en parte avanzada por su Madre. Es la hora de la manifestación mesiánica, la hora que Israel esperaba desde los tiempos de los profetas. Esta hora alcanzará su pleno cumplimiento en el misterio de la Cruz y de la Resurrección. Pero ha comenzado aquí. Desde esta perspectiva entendemos que llame a su Madre, “mujer”. Es el Mesías ante la “mujer” en la economía de la salvación. María aparece como colaboradora de Jesús y esposa (simboliza al nuevo Israel) en la historia de la salvación.

** María dice a los sirvientes: “Haced lo que él os diga”, pide a los servidores que adopten con respecto a Jesús una actitud que es, en realidad, el modo que tenía la parte del pueblo de refrendar la Alianza, es decir la sumisión perfecta a la voluntad de Dios, expresada aquí en la orden dada por Jesús. María representa al nuevo Israel (la Iglesia), que como señal de cumplimiento de la Alianza dirá: “haré lo que él diga” y lo hizo siempre. Es el “fiat” de nuestra Madre. Ahora, enseña a los sirvientes a actuar de la manera más acertada. También nos enseña a nosotros a “hacer lo que Jesús nos diga”. Asume el papel de colaboradora, esposa y Madre. ¡Madre, enséñanos a hacer siempre lo que él nos diga!

*** “Había allí seis tinajas de piedra, destinadas a las purificaciones de los judíos…” El sentido de este pasaje no es eucarístico, sino la manifestación mesiánica de Jesús. El vino, en el antiguo Testamento, es el símbolo de los bienes mesiánicos de los últimos tiempos y, otras veces, símbolo de la >manifestación mesiánica misma. Aquí es claro, es la manifestación del Señor. Por eso, Jesús tiene ante su mirada los bienes mesiánicos, que ha venido a traernos y que precisamente se designan aquí mediante los signos de la boda (Dios esposo de Israel) y el vino. El agua es sustituida por el vino, es la idea dominante de que ante Jesús las instituciones, costumbres y fiestas religiosas judías pierden toda razón de ser, pues Jesús es el enviado por el Padre, para la salvación del mundo. La abundancia del vino, uno 600 litros de buen vino, representa el gozo de los últimos tiempos, los tiempos mesiánicos. Es la generosidad de Dios que está deseando darnos en abundancia.

María nos señala a Jesús, se preocupa de nosotros, está atenta a nuestras necesidades y carencias, nos lleva a Jesús. Nos dice que nuestras preocupaciones las llevemos al Señor, que no tengamos miedo, que Él nos dará el ciento por uno y que Ella siempre intercederá por nosotros como en las bodas de Caná ¡Madre que buena eres!

En Caná, Jesús “dio comienzo a los signos”. El milagro que realizó era un signo, un símbolo en el que Jesús se manifestaba como el Esposo divino del nuevo pueblo de Dios, con el que quería establecer una alianza nueva y definitiva, una alianza que llegaría a su pleno cumplimiento en el misterio pascual. Y todo esto gracias a María. Impresiona como Jesús concede a su Madre todo lo que le pide.


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