Poco a poco, el verano había ido pasando. El sol ya no calentaba tanto, y no era raro encontrar nubes en el cielo. Sin darnos cuenta, Septiembre había llegado; y con él, el nuevo curso tanto académico como laboral. Y como es tradición desde hace unos años, los jefes de montañeros no pudimos menos de volver a juntarnos para tener la Acampada de formación de Jefes, a fin de preparar con toda la ilusión posible el nuevo curso que comienza.


El sitio elegido este año resultó ser la increíble sierra de Gredos, con campamento base situado en el albergue de Injucam (Navacepeda de Tormes, Ávila). Así, el viernes 19 partimos tras hacer juegos malabares con personas, maletas y un número de coches limitados; para finalmente llegar al destino sin más incidencias que la de realizar un poco de turismo inesperado por el pueblo hasta encontrar el albergue. Una vez allí, y organizadas las habitaciones, tuvimos la primera de las reuniones formativas sobre la virtud elegida este año, la fidelidad. Aunque sería imposible sintetizar esta virtud en unas pocas palabras, una buena aproximación se corresponde con el lema de la acampada, que era: “Lo pequeño es pequeño, pero ser fiel en lo pequeño, es cosa grande”, de San Agustín. Tras una reparadora cena, y un buen rato con un juego colectivo en el que no faltaron risas, acabamos el día con el examen de conciencia y nos dirigimos a las habitaciones, con la promesa de una dura excursión al día siguiente.

A la mañana siguiente, tras un pronto despertar y el ofrecimiento de nuestro día al Señor y a nuestra Madre, desayunamos sin perder un solo segundo y nos volvimos a subir a los coches, camino a la plataforma de Gredos. Desde allí, debíamos marchar durante 7 kilómetros y casi 800 metros de desnivel a través de lagunas, montes y peñascos, hasta coronar el pico Almanzor. Así pues, caracterizados por nuestro espíritu de compañerismo, y acompañados por la fauna local, no tardamos en completar el camino, siendo aconsejados (para nuestra decepción) por unos alpinistas veteranos que no practicásemos la ascensión hasta la cima del pico; debido a que la lluvia había vuelto muy resbaladizos los riscos. A pesar de esto, no pudimos menos de agradecer al Señor una travesía sin grandes complicaciones, por lo que celebramos como de costumbre Misa en el lugar más elevado y adecuado para ello. Tras una nutritiva comida, efectuamos nuestro retorno, cansados pero con la intención de volver a completar lo que empezamos. Terminamos el día con una preciosa Hora Santa, donde contemplamos la fidelidad de Dios y todos nos encomendamos a Él ante el nuevo curso, para poder dar fruto.

El domingo fue un día con un ritmo si cabe más intenso que el sábado, donde no hubo tiempo para el aburrimiento. Completamos nuestra formación sobre la fidelidad con dos esclarecedoras sesiones, seguidas de un rato de reflexión y discusión sobre los puntos que más nos habían llamado la atención, de donde obtuvimos grandes ideas y propósitos. Al mediodía tuvimos una emotiva Misa, donde todos renovamos nuestros compromisos de pañoleta, y se impusieron dos pañoletas amarillas ribeteadas de blanco.

Así, tras recoger, volvimos el domingo por la tarde-noche a Madrid, con fuerzas renovadas para luchar por Cristo y por la Virgen entregándonos en el grupo de montañeros. En palabras de Fernando Menéndez Ros: “Sabes que puede haber lucha, pero no debes temer nada cuando el Almirante de la flota es Cristo (…) Se acabó el tiempo de las lamentaciones. Ahora estamos en la Armada de Dios”.

