Bienvenido septiembre, y bienvenidísimas misiones, os habíamos echado de menos. Con la maleta hecha y los brazaletes en la mochila quedamos el viernes 19 en el cole mayor para nuestras esperadísimas convivencias. Con la puntualidad que nos caracteriza salimos como estaba planeado, mas o menos las 4,30 (más menos que mas) rumbo a nuestro próximo destino, Valladolid.
El viernes abrimos de la mejor manera posible, con un video de la madre Teresa de Calcuta, que nos recordó que todo lo que hacemos a las personas, se lo hacemos a Dios. (FIVE). Nos recordó que no tenemos que acostumbrarnos a las desgracias humanas, y que cada persona merece nuestra máxima entrega, porque no es lo que hagas, sino el amor que pongas en esa acción, por muy pequeña que sea. Pero no tenemos que irnos a África o Calcuta o Valladolid para entregarnos. “se puede encontrar a Calcuta en todo el mundo, si tienes ojos para ver… y no solo para ver sino para mirar”
Con los pies un poco mas en la tierra y calentando motores para nuestro gran fin de semana nos fuimos a la cama, pero no si antes una de nuestras buenas veladas, que nos hizo gritar hasta quedarnos sin voz. con lo que cerramos un día de lo mas completo.
El sábado fue nuestro día. Fuimos por la mañana al centro de San Juan de Dios, donde nos recibieron con los brazos abiertos. Nos explicaron al principio que hacían en ese centro o(y) como cuidaban a los enfermos. Luego nos contaron la historia del pequeño Lorenzo que tenia una discapacidad intelectual y como había aprendido a vivir con ella.
Estuvimos después con los enfermos (discapacitados) jugando a un montón de juegos, como baloncesto, golf, o los bolos. Aun no tenemos muy claro quien disfrutó mas, si ellos o nosotras.
También fuimos al centro de las hermanitas de los pobres, y pudimos acompañar a esos ancianos durante un buen rato.
Por la tarde tuvimos formación, pero no fue una reunión sin más, fue LA REUNIÓN. Así, en mayúsculas. Nos dimos cuenta que verdaderamente no es nuestra misión, es la de Dios, que somos simples instrumentos, pero lo que no hagamos, no lo hará nadie.
Nos dimos cuenta que no nos vale con participar en el grupo, eso es muy fácil, y nosotras no buscamos cosas fáciles. Tenemos que implicarnos, implicarnos de verdad, como el cerdo.
El domingo pusimos rumbo a Mota del Marqués, donde profundizamos en la reunión del día anterior y pensamos cual era el sentido de nuestra entrega en misioneros a través de las responsabilidades que se nos habían asignado a cada una.
Y así sin verlo venir, se acabo este gran fin de semana. Pero eso si, nos ha quedado una cosa clara y bien clara. Misiones es nuestro sitio, y aun mas importante, misiones es nuestro. Tenemos que cuidarlo. Nos toca dar a misiones todo lo que hemos recibido en estos años, empezando por el ejemplo, esta es nuestra misión ahora.
“No entiendo como el señor puede condicionar el bien de otras almas a mi fidelidad. De mi conversión sincera y total depende la salvación de otras almas” Madre Felix
Miki Barañano
1º de carrera, brazalete azul.
